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26 agosto, 2026

Mutiny

La jungla de caballa...

Caratula
  • Título traducido: Mutiny
  • Director: Jean-François Richet
  • Guión: Lindsay Michel, J.P. Davis
  • País: United Kingdom Año: 2026 Duración: 95 min
  • Música: Marcus Trumpp  Fotografía: Brendan Galvin
  • Compañía: Punch Palace Productions, MadRiver Pictures
  • Intérpretes: Jason Statham, Annabelle Wallis, Roland Møller, Ramon Tikaram, Arnas Fedaravičius
  • Género: Acción, Suspense

Sinopsis
Después de que su jefe, un industrial multimillonario, sea asesinado delante de él, Cole Reed se ve obligado a cargar con la culpa del crimen, lo que le obliga a huir mientras trabaja para descubrir una conspiración internacional.
Punch Palace Productions

Hay un tipo de cine de acción que renunció a la ambición a cambio de la eficacia, y Jean-François Richet lleva diez años defendiéndolo mejor que nadie. Desde que convirtió a Statham en un cuerpo funcional para el cine de aeropuerto con Plane, el francés sabe que su cine rinde más cuando deja de explicar el mundo y se dedica a filmar a un hombre resolviendo problemas a golpes. Mutiny arranca desde ahí. Y durante un buen rato aguanta el tipo, que ya es más de lo que hacen la mayoría de sus primos de estreno directo a plataforma.


Cole Reed es incriminado por el asesinato de su jefe y sube a un buque de carga a vengarse. Es en el barco donde la película es mejor. Se nota.


Richet entiende el espacio como pocos directores del género filman hoy: pasillos estrechos, escaleras metálicas, contenedores que sirven de trampa y de escondite según convenga. Cada pelea nace de la geometría del lugar, no del montaje picado que sustituye la coreografía por el ruido. Hay un tramo en las bodegas del barco donde la cámara se queda quieta, mantiene la distancia, deja que el cuerpo de Statham llene el plano entero sin cortar cada dos segundos. Ahí, durante esos minutos, Mutiny sabe exactamente qué película quiere ser.


Y entonces el barco deja de bastarle al guion. La producción decide que la película también tiene que significar algo, y mete una conspiración internacional con tráfico de personas, multinacionales turbias y un par de giros que solo existen para justificar la siguiente localización. Cuanto más intenta Mutiny parecer relevante, más se aleja de lo único que sabía hacer bien: filmar violencia en espacios cerrados con consecuencias que se notan en el cuerpo.


Ese es el problema real de la película, no la falta de oficio. Richet sigue siendo un artesano fiable detrás de la cámara. Lo que falla es que no confía en ese oficio suyo. El thriller de conspiración que le imponen al filme de acción no añade tensión: la diluye. Cada revelación le roba minutos a lo que de verdad funcionaba.


Queda una película brillante a ratos y bastante olvidable en conjunto. Lo raro es que uno sale del cine convencido de que Richet sabía perfectamente cómo hacerlo bien, y aun así decidió, en algún momento del rodaje, que no era suficiente.



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