• Twitter
  • Letterboxd
  • Mail

Sitges 2018 Palmarés

El director argentino afincado en Francia, Gaspar Noé, tras ganar hace unos días el Premio Méliès de Oro a la mejor producción fantástica europea del año, ha conseguido el Premio a la Mejor Película en Sitges 2018. Climax es un festival sensorial y lisérgico a ritmo de urban dance, con la dosis de perturbación que caracteriza a Gaspar Noé. En este nuevo film, Noé encierra al espectador, junto a un grupo de jóvenes bailarines, en un caserón perdido en medio de la nieve para ensayar las coreografías de una nueva obra.

De Italia procede Lazzaro Felice, tercera película de la guionista y realizadora Alice Rohrwacher, que entusiasmó en Cannes, donde se llevó el premio al mejor guion. Se trata de una cinta a medio camino entre el cuento, el realismo mágico, el drama social y la ciencia ficción, que presentó el actor Sergi López en un repleto cine Retiro. La película ha obtenido tres galardones: el Premio Especial del Jurado, el Premio de la Crítica y el del Jurado Carnet Jove.

Por su parte, Mandy, un impactante film de acción y venganza con una estética deslumbrante, ha sido reconocido por el jurado de la Sección Oficial que le ha concedido el Premio al Mejor Director a su realizador, Panos Cosmatos.

El resto del Palmarés se puede leer a continuación.

Sitges 2018 ~ Día 6

Seguimos avanzando, y la verdad es que para ser entre semana, no se está escatimando en programar títulos convincentes que bien podrían proyectarse cuando la asistencia de público fuese mayor. Ayer hubo de todo un poco, por supuesto, pero si seguimos este promedio seguramente acabaremos el Festival con muy buena nota.

Comenzábamos la jornada a primera hora con la sesión despertador (y nunca mejor dicho) para ver el thriller coreano The Outlaws (2017) de Kang Yun-Sung.

Los conflictos entre mafia y policía siempre son bienvenidos, pero si además vienen cortados por el patrón ya casi establecido del cine coreano para este género, la propuesta puede llegar a ser muy interesante, y con ésta lo es. Con un ritmo de alto voltaje se irá desarrollando la trama, cayendo el peso del protagonismo en el siempre solvente Ma Dong seok, el cual mantiene el equilibrio entre acción y humor para darle continuidad a la historia. Una combinación que hace de sus dos horas de duración puro entretenimiento.

Otra de las películas esperadas en este festival era el nuevo trabajo de S.Craig Zahler, el cual presentaba Dragged across concrete (2018) que desde su estreno en Venecia y para quien guste de sus películas, era una cita ineludible.

Haciendo homenaje al cine policíaco más setentero, la película se divide en dos líneas principales bien diferenciadas que tienen como nexo un trabajito del que todos quieren sacar tajada. El grosor de la misma se desarrolla en interiores, mayormente en vehículos, donde mediante largas conversaciones se irán definiendo los personajes, tanto de un lado como del otro, dándoles forma mientras aprovecha para realizar una crítica social del momento actual en Estados Unidos. Quizá hay momentos en que tanta verborrea hace que el ritmo se ralentice demasiado, que sumado a sus más de dos horas y media de duración puedan hacer lastrar la atención del espectador, pero realmente es una propuesta muy interesante y en la que el sello del director queda definitivamente marcado como un estilo propio.

Y aún siendo una de las propuestas de ciencia ficción que ofrecía el festival, la estadounidense Perfect (2018) de Eddie Alcazar acaba siendo bastante olvidable.

La trama con la que se presentaba esta película se hacía bastante interesante, donde un joven con cierta filia violenta ingresa en una clínica de restauración, en la cual a base de injertos genéticos le irán puliendo defectos hasta llegar a la perfección. Pero tanto en su desarrollo como en su forma fallan estrepitosamente, quedando en un pasaje onírico al que no da opción de engancharse, pareciendo además un ejercicio de pedantería del propio autor.

Otra de las películas que prometían en la jornada de ayer era la filipina Buybust (2018) de Erik Matti.

Siguiendo prácticamente las pautas de la magnífica The Raid (Gareth Evans, 2011) pero ubicándola en un suburbio de Manila, un grupo de policías de élite quedará atrapado por los violentos vecinos tras una redada contra el narcotráfico. Y es que es a partir de este punto (el cual debería ser el más atractivo) donde la película comienza a decaer por su falta de ritmo y sobretodo de ingenio para desarrollar las escenas de acción. La monotonía se hace con las riendas y ya no levanta cabeza hasta el final, momento en que el espectador ya ha perdido todo el interés. Una lástima.

Y para rematar la jornada volvemos al género de la ciencia ficción, en esta ocasión algo más sórdida de mano de la escandinava Aniara (2018) de Pella Kagerman y Hugo Lilja

Basada en la novela con el mismo nombre, la historia nos relata cómo se desarrolla una pequeña sociedad, la cual ha quedado a la deriva en el interior de una nave-ciudad tras ser desviada de su trayectoria por un accidente. Dividida en intervalos temporales, iremos viendo la evolución y degradación de este conjunto de personas con el paso del tiempo. Una interesante propuesta que seguramente no se aleja demasiado de lo que está sucediendo hoy día en nuestro planeta. Sencilla, pero entretenida.

Sitges 2018 ~ Día 5

Llegamos al ecuador del festival y siguen cayendo grandes títulos que se esperaban con antelación, los cuales nos van dosificando los programadores del Festival para no empacharnos de golpe. Ayer fue una jornada muy de provecho, pero solamente una de las películas vistas fue la que se nos quedó grabada en la memoria para reposar tranquilamente a posteriori.

Comenzaba la jornada con un thriller de producción argentina, segundo largometraje que dirige Armando Bo, oscarizado por el guión de Birdman (Iñárritu, 2014), y que tiene el contundente título de Animal (2018).

Más allá de lo que pueda parecer precisamente por eso, por el significado de su título, esta película aborda la situación de un hombre bien posicionado económicamente que le urge la necesidad de un trasplante de riñón para continuar viviendo. La trama se va complicando poco a poco a medida que se le agotan las posibilidades legales, hasta que decide cruzar la línea y buscar otras alternativas. A partir de aquí, y tal y como iba creciendo la intensidad hasta el momento, sufre un estancamiento en su desarrollo que nos deja con ganas de más, o al menos algo menos convencional y no un desenlace tan ingenuo (para este festival). Una lástima, porque realmente la interpretación de Francella es magnífica.

La siguiente del día era la película que todos estábamos esperando tras las polémicas levantadas en el festival de Cannes. Se trataba del último trabajo del siempre polémico Lars Von Trier, la magnífica The house that Jack built (2018).

La propuesta de desarrollar en pantalla la figura de un asesino en serie como no se veía desde hacía tiempo, con un humor tan negro, explícito en la violencia y con un magnífico Matt Dillon como protagonista, han hecho que esta sea una de las mejores propuestas en lo que llevamos de festival. El director saca sus mejores armas para hipnotizar al espectador (de este Festival, no de otros) y atraerlo hacia sus inquietudes personales, que en forma de metáforas nos va inyectando poco a poco para declararse como un dios del arte. Como siempre no ha dejado a nadie indiferente, pero nosotros ya estamos deseando volverla a ver de nuevo.

Tras el extásis generado en la anterior proyección, el siguiente turno en nuestra planificación era para la iraní Pig (2018) de Mani Haghighi.

La película nos cuenta en tono de comedia la cacería que van sufriendo los directores de cine más punteros del país en manos de un fanático asesino en serie, y de como nuestro protagonista se va salvando de la decapitación sin saber el por qué. Y es que tras un prometedor inicio, la película va decayendo en la monotonía y el desinterés por parte del espectador, los gags van perdiendo fuelle y las situaciones que se van sucediendo hacen perder el rumbo de la misma.

La siguiente era I think we're alone now (2018), segundo largometraje que realiza tras las cámaras la directora estadounidense Reed Morano.

Interesante y entretenida propuesta post-apocalípitica que tiene como atractivo a dos actores que actualmente están bastante de moda por sus recientes trabajos. Más allá de esto y aunque la trama sea bastante convencional, la verdad es que el desarrollo de la misma y ese punto de incógnita por saber qué es lo que ha sucedido, hacen que no se haga para nada pesada. El punto fuerte para ello radica en unos personajes bien trabajados que conectan rápidamente con el espectador, haciéndole cómplice desde los minutos iniciales.

Y para rematar la jornada, el entretenido thriller de origen danés Journal 64 (2018) de Christoffer Boe.

Cuarta entrega de esta saga que nos cuenta las aventuras y desventuras del Departamento Q de investigación policial. Esta vez rebusca en los archivos del pasado para esclarecer un caso de asesinato múltiple descubierto en la actualidad por casualidad. Una trama que irá saltando en la línea temporal mediante flashbacks para ir desvelando el horror sucedido años atrás y que a día de hoy sigue vigente por sus mismos protagonistas. Una historia que aprovecha para hacer crítica social hacia ese nuevo resurgir de la extrema derecha en los países escandinavos. Muy entretenida.

Sitges 2018 ~ Día 4

Si en cada jornada se puede desprender una joyita de la planificación que teníamos preparada para esta edición, ya me puedo dar por satisfecho al final del festival con lo que me pueda llevar a casa. Ayer no fue una jornada de las extensas, pero sí de las productivas.

Comenzábamos por la mañana con la proyección del último trabajo de David Robert Mitchell, la sensacional Under the Silver Lake (2018).

Si ya en su anterior trabajo, It follows (2014), este director demostró un gran salto tras las cámaras con un dominio excepcional del suspense, en esta última película podemos decir que se ha consagrado totalmente en el oficio. Es muy difícil definirla en tan pocas líneas (y deseando tener más calma para explicarla con detalle), pero para hacernos una idea es un fantástico tributo al universo hitchcockniano con algunos tintes de Lynch, el cual ha envuelto y rellenado con una amalgama de referencias pop para el uso y disfrute del espectador que, como yo, vivió la transición del analógico al digital en su máximo esplendor.Una maravilla de cinta que seguramente tendrá tantos amantes como detractores, pero hay que verla para poder opinar.

Y aún intentando digerir todo lo absorbido en la sesión anterior, se bajaron las revoluciones hasta el ralentí con The invocation of Enver Simaku (2018), primer trabajo del joven director Marco Lledó Escartín

Entiendo el esfuerzo que conlleva sacar una película adelante, sobretodo hoy en día que para conseguir la financiación adecuada puede pasar mucho tiempo (o sencillamente nunca llegar esa oportunidad). Aún así, también hay que decir que los espectadores tenemos gustos dispares, y en este caso, para mí, esta no es una película que me haya cautivado. El tono con el que está rodada, esa voz en off que nos narra gran parte de la historia y ese ritmo tan pausado, han hecho que no haya entrado en ningún momento, sino todo lo contrario, me ha ido alejando cada vez más. Una lástima, porque el proyecto pintaba a priori muy interesante.

Pero la jornada seguía y el siguiente turno era para la estadounidense Galveston (2018) de Mélanie Laurent.

Thriller ambientado en el sur de los Estados Unidos, con personajes de clase social baja que hacen lo que pueden para seguir adelante con sus vidas un día más. Aunque bastante bien interpretada por sus actores principales, la verdad es que la historia no despunta y sigue una línea demasiado convencional: conflicto con la mafia, rescate de chica desconocida y huída de todo y todos... Explicado con un ritmo muy contenido y alguna que otra escena adrenalínica, la verdad es que va más allá del simple entretenimiento.

Y para finalizar, le dimos cabida al último trabajo del siempre transgresivo Shinya Tsukamoto, Killing (2018).

Ambientada en una zona rural del Japón feudal, nos cuenta la historia de dos ronin que cruzan sus caminos para seguir un mismo destino, pertenecer a un shogunato en Edo. La verdad es que ha sido algo decepcionante que no sea tan arriesgada como algunos de sus anteriores trabajos. Es más, su ritmo tan pausado y su poco atractiva historia hacen que se haya hecho bastante cuesta arriba. Una lástima.

Sitges 2018 ~ Día 3

Tercera jornada y siguen cayendo títulos de los cuales se tenía alguna expectativa, otros que han creado división de opinión entre espectadores y prensa, o sencillamente algunos que no tienen mucho por donde cogerlos.

Eso sí, lo que más expectación creó fue la presencia de Nicolas Cage, el cual presentaba el último trabajo en el que participaba, Mandy (2018), junto a su director Panos Cosmatos.

Imposible estar todos de acuerdo con esta esperadísima película de la que se venía hablando muy bien desde otros certámenes. Su director ha vuelto a dar forma a otro pequeño universo en el que si no entras desde sus inicios, seguramente ya irás perdido hasta el final. Un viaje lisérgico por los albores del heavy metal con el mundo de las sectas como vehículo de transición. Una locura que acaba con un Cage desatado en una suerte de tributo al cine de serie B, el cual nos brindará algunas de las mejores escenas del film. Muy disfrutable.

La siguiente era la propuesta con que el director argentino Demián Rugna nos acercaba al mundo de los poltergeist y entes malvados, Aterrados (2018).

Tras escuchar varias opiniones sobre lo bien que se había hecho este trabajo teniendo en cuenta su bajo presupuesto, la verdad es que entraba a verla con las expectativas por las nubes. Quizá ese ha sido mi gran error, ya que en ningún momento he conseguido entrar en ella. No me ha llegado ni su humor negro ni sus intentos de susto a golpe de altavoz. La historia parecía prometer bastante con ese mensaje de crítica a la sociedad argentina en época de dictadura, pero la verdad es que no me ha parecido que le diese una consistencia global. Buenas ideas, escenas muy conseguidas, pero no ha terminado de cuajar.

El siguiente era el nuevo trabajo de Nicolas Pesce, que tras su The eyes of my mother (2016) venía con las miradas puestas encima en esta Piercing (2018).

Basada en la novela Audition de Murakami (la cual no he leído), esta corta pero muy llamativa película es una auténtica oda el cine giallo pero con un corte mucho más formal. Estética, banda sonora y algunas escenas realmente maravillosas, marcan esta historia de pasiones entre un hombre y una mujer. No ha parecido gustar a todos, pero para mí ha sido una auténtica joyita.

Y cambiando de sala para el último tramo del día, veíamos la curiosa The head (2018) dirigida por el joven director estadounidense Jordan Downey.

Recién salida del horno, esta era la primera proyección a nivel mundial que se hacía de esta película. Un relato en el que seguiremos a un guerrero por su travesía en busca de venganza, ambientada en un mundo de espada y brujería en un entorno de alta montaña. Aún teniendo buenas formas, la verdad es que acaba haciéndose un poco cuesta arriba por su escaso contenido, el cual no parece dar más que para un mediometraje.

Y para rematar el día, el documental que todos estaban esperando, Live after Flash (2017) de Lisa Downs.

Para aquellos que de pequeños (o no tanto) se quedasen prendados por las desventuras de Flash Gordon en su más famosa adaptación, esta película explica todo lo que rodeó a la producción de la misma de la mano de sus protagonistas después de 35 años de su estreno. Repleto de anécdotas que desconocía por completo, la verdad es que se hace muy entretenido ver el cariño que siguen teniéndole. Quizá se centra demasiado en su protagonista, Sam Jones (el cual también es productor, como no), explicando demasiados aspectos de su vida personal y dándole minutos a amigos y familiares que no aportan nada. Aún así, ha merecido la pena.