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TerrorMolins 2018 ~ Día 6

Comenzaba la jornada con la muy especial doble sesión retrospectiva dedicada a la figura de Brian de Palma en la que se proyectaron dos títulos de los más vinculados dentro de su filmografía, el primero de ellos The fury (1978).

Película no tan conocida de este director que mezcla perfectamente el thriller de espionaje con el terror. La línea principal trata sobre unos jóvenes que son instruídos por el gobierno estadounidense para potenciar sus dotes telequinéticas y ser utilizados como una súper arma. Realizada tras Carrie (1976) y disponiendo de más presupuesto, la verdad es que no tuvo tanto éxito ni como aquella ni como las que vendrían después, pero es un filme muy a reivindicar. El tramo final, más vinculado al género de terror, no tiene nada que envidiar al que posteriormente David Cronenberg nos dejaría grabado en nuestras retinas con su Scanners (1981).

La siguiente película de la retrospectiva sí que es mucho más conocida e incluso hasta tiene su legión de seguidores. Se trata del musical Phantom of the Paradise (1974).

Escrita también por él mismo, realiza una adaptación muy libre donde convergen principalmente los clásicos de Fausto, El fantasma de la ópera y El retrato de Dorian Gray. La fantástica banda sonora compuesta por Paul Williams (el cual también interpreta uno de los papeles principales) transmite perfectamente la esencia glam de la época en una ópera rock a la que De Palma dota de un gran espectáculo visual. En su momento no tuvo la aceptación que se merecía, pero el tiempo la ha colocado en su sitio haciéndola un referente y un icono de culto.

En el segundo bloque de la jornada se volvía a la sección oficial con dos títulos que a nuestro parecer no fueron tan agradecidos, quizá también porque veníamos del subidón de la retrospectiva, pero la verdad es que los vimos muy flojos. La primera de ellas era la francesa The night eats the world (2018), ópera prima del joven director Dominique Rocher.

Aunque la película tenga como envoltorio el subgénero zombi, la verdad es que deja la acción de lado para relatarnos una historia sobre la soledad y de cómo afrontarla sobreviviendo aislado en un edificio. Teniendo en cuenta su carácter de película independiente y dejando de lado su factura como tal, a medida que avanza el metraje va perdiendo consistencia, debido sobretodo a su falta de credibiliad. Sobretodo porque el planteamiento que nos hace de un personaje tan preparado para ello (sin saber cómo, pero se acepta) y con tanta solidez, a veces tenga dejes incomprensibles que tiran todo lo establecido por la borda, dejando al espectador con un para qué y por qué que no ayuda a seguir el hilo. Una pena.

Y para finalizar la jornada, Marc Carreté subió al escenario con parte del equipo para presentar el estreno de su última película como director, After the lethargy (2018).

Tras su última película, Asmodexia (2014), la cual tuvo estreno en el Festival de Sitges de aquel año, Carreté no había vuelto a ponerse tras las cámaras. Si en aquella trataba el tema de las posesiones, en ésta se mete de lleno en una especie de pseudo-thriller de ciencia ficción con un corte muy de los X-Files de Chris Carter, pero lejos de cualquiera de sus episodios. Y es que más allá de su factura técnica, la monotonía con la que desarrolla el sencillo argumento no da opción al espectador a que mantenga el interés por la misma, levantando un poco el ánimo solamente con los cuatro toques de humor que incorpora. Y es que desde el comienzo parece que va a seguir la vertiente más desenfadada y cómica, pero cuando intenta meterse en un terreno más serio, pierde todo el fuelle inicial.

TerrorMolins 2018 ~ Día 5

En esta quinta jornada se ofrecía la posibilidad de asistir gratuitamente a la primera sesión doble con invitación previa, la cual estaba patrocinada por Movistar y que daba también la opción a que el abonado a esta plataforma pudiese verla simultáneamente desde su casa. Una propuesta que, aunque los títulos vistos no fuesen de última cosecha, al menos provoca que se haga eco de la existencia de este Festival a nivel nacional.

La primera de las películas vistas fue el último trabajo de los ya conocidos Alexandre Bustillo y Julien Maury, que visitaban una de las franquicias más significativas en la historia del género con Leatherface (2017).

Difícil apuesta por aportar algo de luz a lo ya conocido en esta saga y sobretodo por salirse de la línea clásica, que quitando las dos primeras entregas dirigidas por Tobe Hooper (muy a reivindicar la segunda parte), el resto son muy poco convincentes. A modo de road movie, la historia nos transporta a lo ocurrido antes de los sucesos que vimos en la original de 1974 para intentar definir el por qué de ese desorden familiar. Y aunque a cómputo global no sea una gran película, la verdad es que el primer tramo y algún que otro detalle más puntual y explícito están bastante bien. Aparte, solamente por el hecho de realizar este giro en la franquicia ya es de muy agradecer, cosa nada fácil cuando hay estereotipos existentes que corren en su contra.

La siguiente en esta doble sesión especial fue la película de terror sobrenatural Los hijos de Satán (2017), de producción indonesia y dirigida por Joko Anwar.

Poco o nada tiene que envidiar este relato de casas encantadas y posesiones a las películas más comerciales de origen occidental que han triunfado en cartelera durante estos últimos años. La historia nos cuenta las vivencias paranormales que sufre una familia a partir de la muerte de su madre, momento desde el cual comenzarán a descubrir cosas impensables para ellos por las que se cuestionarán muchos otros temas. Con una fantástica atmósfera perfectamente complementada gracias a esa estética añeja y rural tan bien conseguida, la película va pasando del drama hasta el terror puro en un logrado final que inquietará a más de uno en su butaca. Una gran cinta a descubrir.

Y comenzado la segunda sesión doble, ésta ya dentro de la sección a concurso, la premier nacional de The witch in the window (2018), pequeña producción estadounidense dirigida por Andy Mitton.

Otra película sobre casas encantadas pero con muchísimo menos fuelle que la anterior. Con un corte totalmente de telefilme, se centra en la relación de un padre con su hijo donde la cual, en cierta manera, mejora a partir de los sucesos sobrenaturales que van sucediendo. Un ir pasando los minutos donde se van soltando críticas al gobierno actual de los Estados Unidos, a la poca sensibilidad que se tiene con los más pequeños con la violencia que nos rodea, lo correcto e incorrecto de la vida,... nada que llame especialmente la atención hasta llegar a ese giro final, algo alocado y precipitado, en el que el interés del espectador por lo que pasa ya se ha quedado por el camino.

Y para rematar la jornada con buen sabor de boca, la fantástica película de la mexicana Issa Lopez, la cual ha pasado por varios festivales de todo el mundo recogiendo buenas críticas en todos ellos, Tigers are not afraid (2018).

Como una fuerte crítica social hacia la situación tan dramática que se vive en México, la escritora y directora nos trae una historia en la que acompañaremos a un grupo de niños en su viaje por sobrevivir a las fauces de la pobreza, el hambre y la delincuencia en un entorno que ya es hostil de por sí. Para ello se hace servir de un componente fantástico que servirá como guía para el desarrollo de la misma, introduciendo elementos digitales inteligentemente que ayudan a enfatizar algunas escenas concretas, escapando hábilmente del drama puro y duro para aportar más ligereza a su ritmo.

TerrorMolins 2018 ~ Día 4

Aunque parezca mentira ya estamos en el ecuador del Festival, y es que las jornadas se pasan volando cuando te sumerges de lleno en él, abstrayéndote casi por completo de lo que sucede fuera del entorno. Pero aún queda mucho por ver todavía, mucha sección oficial y sobretodo la clásica maratón del último día, el evento más longevo que sigue perdurando edición tras edición. Pero bueno, veamos lo que aconteció en la jornada de ayer, con la proyección de cuatro títulos que entraban a concurso repartidos en dos sesiones dobles.

La primera de ellas era Abrakadabra (2018) de los hermanos Onetti, tercera y última película que cerraba la trilogía dedicada al giallo italiano tras Sonno Profondo (2013) y Francesca (2015).

Seguramente más accesible al espectador que las anteriores, la película establece como línea argumental principal el misterio que rodea a un prestidigitador cuando en su entorno comienzan a suceder macabros asesinatos, en los cuales utilizan parafernalia de sus actuaciones para realizarlos. Colores vivos muy saturados (y por momentos demasiado quemados y molestos a la vista) intentan buscar esa estética más setentera, a la que añade un abrupto montaje muy común también por aquél entonces. El problema que tiene es que prácticamente todo el tramo intermedio es vacuo, dilatándose demasiado y haciendo que el espectador pierda la atención. La idea no es mala, pero dejándolo en un mediometraje en el que incluir el misterioso inicio y el giro final, quizá hubiese sido más interesante.

La siguiente de esta primera doble sesión era la canadiense I'll take your dead (2018) de Chad Archibald, director asiduo al género y al Festival, donde en ediciones anteriores ya se habían proyectado otros trabajos suyos como The Heretics (2017) o Bite (2015).

En esta ocasión, el componente fantástico o de terror mas bien lo toca rozando por la mínima. El relato nos define a un personaje que se dedica a hacer desaparecer cuerpos de personas muertas, que por razones ajenas a él (y a la ley) le hacen llegar a cambio de una buena suma de dinero. Pero más allá de lo que pueda aparentar, al final acaba siendo un drama de tomo y lomo que describe la relación que tiene éste con su hija, la cual se encuentra en efervescente adolescencia, y a los que se se incorpora una nueva individua que se salvó de la última entrega. No está mal dirigida, e incluso la pequeña lo hace realmente bien, pero se hace bastante anodina hasta llegar a esos últimos quince minutos donde parece animarse la cosa y en el que incluye, al fin, elementos sobrenaturales.

Y tras el break, proyección de la película sueca Blood Paradise, premier a nivel europeo en la que debuta tras las cámaras su joven director, Patrick von Barkenberg, el cual también actúa con un papel secundario.

Con presentación por parte del equipo previa a la proyección, nos contaban curiosamente la relación que tienen ellos tanto en la realidad como en la ficción, ya que todos los participantes (o casi) son familia, una ventaja que tienen para reducir costes... La película se centra en una escritora que busca tranquilidad para retomar su carrera literaria en un apartado lugar de Suecia, en el que comenzará a sospechar de los lugareños tras ver que suceden cosas poco comunes en el entorno. Otro relato sobre desórdenes familiares, víctimas estereotipadas y humor peculiar, el cual tiene un comienzo muy prometedor pero que poco a poco va perdiendo fuerza. Aún así, es ágil en su desarrollo y se hace entretenida, que al final es lo que el espectador busca.

Y para finalizar la jornada otra película de ambientación rural, también con protagonistas femeninas, pero con un corte diferente. Se trataba de What keeps you alive de Colin Minihan.

Dos jóvenes deciden celebrar su aniversario de bodas en un lugar apartado de la ciudad donde esperan tener toda la tranquilidad del mundo, pero los planes se complican a medida que pasan más tiempo allí. Lo que se plantea como un thriller psicológico para embaucar al espectador con sus personajes, acaba siendo un survival más convencional e incluso hasta poco atractivo. Quizá el extender un poco más esa primera parte profundizando en los personajes e incidiendo en el dolor sentimental hubiese mejorado el resultado final, pero nunca lo sabremos. Eso sí, la fotografía es de mención obligatoria, aprovechando a la perfección lo que el entorno ofrece para crear su propia atmósfera.

TerrorMolins 2018 ~ Día 3

Ayer fue una extensa jornada a la que sacamos gran partido con la variada programación que el festival tenía preparada para ser proyectada en La Peni, además con el aliciente de que todas las sesiones eran gratuitas para así dejar que el público más curioso o indeciso pudiese venir a probar esta experiencia si todavía no lo había hecho. Por la mañana se dio cabida a los más pequeños con las sesiones TerrorKids, y por la tarde ya pasamos a la programación habitual.

Además, decir también que a lo largo de todo el domingo se desarrollaron en La Gòtica los Molins Horrors Games, jornada lúdica en la que los asistentes pudieron disfrutar de diferentes juegos de mesa que de una manera u otra están vinculados al género del terror, y donde el equipo organizativo daba todo tipo de soporte al público, tanto a los más iniciáticos como a los más experimentados, sin ningún límite de edad.

Por otra parte, nosotros hicimos una visita a la exposición De Palma vs De Palma que se exhibe en Ca N'Ametller hasta el 25 de noviembre, en la que coincidimos por suerte con el propietario de los afiches y objetos que allí se exhiben, Jordi Batet Trias. Desde la apertura y durante casi dos horas, nos hizo un recorrido por toda la sala explicando tanto anécdotas del director y sus películas como de las suyas propias referentes al coleccionismo. Una maravilla escucharle con tanta pasión y amor por el cine, en este caso de su icono favorito, Brian de Palma.

Pero bueno, comenzaba la tarde cinéfila con el curioso documental sobre una de las figuras que a lo largo de su carrera ha dedicado y sigue dedicando a la divulgación de temas parapsicológicos y esotéricos, así como al rodaje de varios films con la misma temática. Se trataba de El pionero. El cine parapsicológico de Sebastià d'Arbó (2018), dirigido por Luís Esquinas Chanes.

Siendo el propio Arbó el narrador y guía del mismo, nos hace un repaso biográfico desde su infancia hasta día de hoy, incidiendo sobretodo en la primera trilogía fílmica que dedicó al subgénero parapsicológico, precursora en este país en una época en la que era muy complicado sacar adelante proyectos de este tipo. La ilusión que se le nota contando todo lo referente a cada rodaje, tanto él como los implicados directamente, hacen que las complicaciones y falta de presupuesto que sufrieron queden como una anécdota, destacando sobretodo el todo es posible cuando el equipo que lo lleva a cabo está en comunión.

Continuábamos con otra de las novedades que este festival traía al circuito y que todavía no había sido proyectada en ningún otro certamen, ya que se trataba de una premier mundial. La producción de origen nacional Anunnaki: Los caídos del cielo (2018), dirigida por Joan Frank Charansonnet y Rubén Vilchez.

Con casi todo el equipo de la película subido al escenario para presentarla, los directores nos hicieron un breve resumen desde cómo fue su gestación hasta el día de hoy en que se puede proyectar en una sala de cine. Y es que se entiende que este tipo de trabajos con tan poca financiación cueste sacarlos adelante, pero solamente con pasión no se consigue todo. El batiburrillo de géneros y el exceso de recursos estilísticos hacen que al final se pierda interés por la línea argumental principal, la cual podría parecer más interesante con una mayor consistencia en el conjunto global. Aún así, desde un punto de vista más cariñoso, pueden destacarse las escenas más cómicas y locas, que en más de un momento sacan la sonrisa del espectador (pero sin saber si era esa la intención principal).

Y para hacer honor al leitmotiv del festival, la siguiente proyección era la primera de las cuatro sesiones retrospectivas que se le dedican este año al gran Brian De Palma, la maltratada Dressed to kill(1980).

Había llovido bastante desde que vimos esta película por última vez, pero nunca con la posibilidad de hacerlo en una sala de cine. Puntuación extra para una revisita a este clásico del suspense, alguna vez comparado con el maestro de este subgénero, que además trata temas bastante controvertidos para su época y que quizá por ello no tuvo la aceptación que se merecía. De todas formas, hoy día creo que ya tiene el respeto que siempre ha merecido, sobretodo por esa maravillosa técnica cinematográfica a la que se suma la genial banda sonora de Pino Donaggio. Y es que todo ello visto y escuchado en estas condiciones, hacen que la experiencia sea fantástica.

La siguiente era una proyección especial dentro de la sección Peeping Tom, ganadora del premio a mejor largometraje de ficción en la pasada Muestra de Cine Latinoamericano de Lleida y que precisamente nos presentaba su director, Juan Ferrer. Se trata del inusual thriller de producción argentina y primera y única película tras las cámaras del director Sebastián Perillo, Amateur (2018).

Curioso y entretenido film con una línea argumental básica y bien definida, pero que durante su desarrollo el director juega con el espectador dando giros a cada cual más imprevisible. Con un ritmo en constante ascendencia, pasamos desde la seriedad del thriller clásico hasta el despiporrante fin de fiestas, utilizando para ello pequeñas dosis de sexo, sangre y humor negro. Con un reparto bien dirigido que le aporta credibilidad a la historia (dentro de los parámetros que propone), esta película ha sido una grata sorpresa para nosotros.

TerrorMolins 2018 ~ Día 2

Segunda jornada dedicada por completo a la proyección de los cortometrajes que entran a concurso, los cuales han sido seleccionados de un total de 348 trabajos que se presentaron para esta edición, así que como mínimo agradecer a los programadores por haberse pateado tantas horas y llegar a esta conclusión.

Repartidos en tres sesiones con un pequeño descanso entre ellas, los proyectos que pudimos ver fueron los siguientes:

Primera sesión
  • She came from the woods, de Erik Bloomquist
  • Hay algo en la oscuridad, de Fran Casanova
  • Green light, red light, de Kyubin Lee
  • The crone, de Attila Csak
  • Cold fish, de David Hay
  • La noria, de Carlos Baena
  • Goodbye old friend, de Rafael de León Jr
  • Insidia, de Paco Ruiz

Segunda sesión
  • Laboratory conditions, de Joe Russell
  • Spiler, de Yulia Travnikova
  • Cerdita, de Carlota Pereda
  • Vonnis, de Walt Bladt
  • La proeza, de Isaac Berrocal
  • The son, the father, de Lukas Hassel
  • 100% organic, de Yoann Luis
  • Baghead, de Alberto Corredor Marina

Tercera sesión
  • Dawn of man, de Víctor Ridaura
  • Déja vu, de Olivier Labonté LeMoyne
  • Here there be monsters, de Drew Macdonald
  • The girl in the snow, de Dennis Ledergerber
  • Meat, de Josef Bates
  • Post mortem Mary, de Joshua Long
  • Helsinki Mainsplaining massacre, de Milla Sevon

Lo bueno de este formato es que permite al espectador ver en un reducido espacio de tiempo la gran variedad de ideas, técnicas, estilos,... que pueden llegar a crearse, además realizados con todo el esmero y dedicación posibles para que en ese espacio tan comprimido el espectador pueda apreciar lo mejor de cada director. Esa mezcla de valores es lo que hemos ponderado para llegar a la conclusión de que el cortometraje que merece todos los méritos es Baghead, de Alberto Corredor.