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alberTTo

Sitges 2020 ~ Día 2

En esta segunda jornada aún seguíamos con ese periodo de adaptación a los protocolos de contención que la organización había preparado para una segura convivencia dentro del Festival, pero con las constantes indicaciones del voluntariado no ha habido ningún problema, es más, se ha interiorizado como una normalidad. Así pues, pudimos disfrutar de las películas que teníamos programadas en nuestra agenda sin ningún tipo de problema, como debe ser.

La primera de la mañana era el estreno de la producción catalana sobre uno de los sucesos más truculentos de su capital, La vampira de Barcelona, dirigida por Lluís Danés.
Para quien no conozca esta historia, la verdad es que tiene la ocasión perfecta de poder hacerlo y además seguramente con toda la documentación obtenida al respecto para poder valorar por uno mismo qué es lo que pudo haber ocurrido. A mediados del siglo XIX en Barcelona, se produjeron una serie de desapariciones de niños en el barrio del Raval, los cuales achacaron a una mujer que al parecer tenía algún tipo de problema psicológico. Lo que hace difuminar la veracidad de esta acusación fue la sospechosa idea de haberla utilizado como cabeza de turco para enmascarar una red de prostitución infantil, en la cual podían haber estado implicados altos cargos del momento.

Con este panorama del que se parte, la película utiliza un estilo narrativo muy cuidado a base de animaciones y tintados de personajes características de las novelas gráficas, así como una cuidada puesta en escena para desarrollar toda la trama. Todo ello a partir del seguimiento periodístico (y personal) que realizará un redactor del diario local, el cual querrá desenmascarar la trama que se esconde detrás de todo este turbio suceso y con el que divagaremos entre si es culpable o no. Y aunque peque de ralentizarse en algún tramo intermedio, la verdad es que la película está muy entretenida y nos ayuda a arrojar un poco más de luz sobre los sucesos.

La siguiente del día era una de las esperadas por nosotros en esta edición, el nuevo trabajo del inclasificable director francés Quentin Dupieux, la raruna y divertida Mandibules.
Siguiendo su estilo tan particular para desarrollar una historia que no tiene ni pies ni cabeza, el director francés nos sumerge en su universo surrealista contándonos cómo dos tirados de la vida ven el negocio del siglo al encontrarse una mosca gigante en el maletero de un coche robado. Nada más lejos de la realidad, la visión de futuro que tienen para ella es el adiestrarla con el fin de realizar los trabajos que le pidan. Un viaje que les llevará a conocer, como no, otros personajes característicos de su propio universo...

Quizá no sea tan potente (en absurdez) como Le Daim (2019), y ni mucho menos como algunos anteriores trabajos suyos que le pusieron en la mira del circuito festivalero, pero hay que reconocerle el mérito de seguir renovando y dándole vueltas a su estilo para traernos (a los que aceptamos entrar dentro de su universo particular) un nuevo trabajo con el que hacernos reír y flipar a partes iguales. Una más para su ya dilatada carrera, de un director que desde hace año se ha ganado el derecho a formar parte del club de culto. Muy recomendable.

Continuábamos la jornada dentro de la sección Noves Visions con el debut como director del joven estadounidense Eric Schultz, el thriller psicológico con tintes de ciencia ficción Minor Premise.
Basándose en un estudio científico, nuestro protagonista descubre cómo se puede manipular el cerebro para que la personalidad del individuo tratado cambie en hasta diez estados diferentes. Para poder llevar a cabo sus experimentos, como suele ser habitual en la mayoría de películas de este tipo, es él mismo el sujeto con el que hacer las pruebas en seres humanos, para evitar todo tipo de burocracia con las instituciones y autoridades. Esto le llevará a un viaje tortuoso, tanto para él como para los que le rodean, llegando a sobrepasar límites insospechados.

Así pues, con esta atractiva premisa inicial, se desarrolla una película que en conjunto no acaba de funcionar del todo bien. Los altibajos que repercuten en su guión causados por un ritmo algo irregular y un querer y no poder respecto a crear una buena atmósfera opresiva en los momentos que se necesita, hacen que por momentos se desvanezca el interés por ella y se pierda el hilo de la trama principal. Aún así, se presenta como muy solvente en la producción, ya que intenta explotar la idea lo máximo posible utilizando para ello los pocos elementos de los que parece disponer. Quizá con un siguiente visionado se le puedan otorgar otros méritos que mejoren su valoración global.

La siguiente en nuestra agenda era la curiosa fusión entre el western clásico y el cine de terror. Se trataba de The pale door, segunda incursión en el largometraje del estadounidense Aaron B. Koontz.
Tras el desdichado intento de asaltar un tren para hacerse con la caja de caudales que se aloja en su interior, un grupo de intrépidos forajidos intentan sobreponerse al varapalo recibido descansando en el poblado más cercano que encuentran. Pero pronto se darán cuenta que allí las cosas no parecen ser tan espléndidas como se antojaban desde un inicio y se verán implicados en un ritual oscuro donde tendrán que luchar para salvar sus almas.

Acción. Es el único apartado destacable de la película, ya que durante las escenas donde se desata esa lucha contra el mal, es cuando el espectador puede disfrutar durante un rato. El resto es bastante prescindible. De manera global, da la sensación de que el guión se ha confeccionado como un batiburrillo de ideas, las cuales se han ido hilvanando sin tener un criterio o hilo común que las haga destacar. Esto acaba siendo una montaña rusa que durante el impás del vaivén carece del interés necesario como para que tenag un seguimiento continuado.

Tras el varapalo de la sesión anterior, la mejor manera de animar la tarde era con la comedia terrorífica de origen holandés Tailgate dirigida por Lodewijk Crijns

La trama es tan sencilla como efectiva. El empleado de un servicio de limpieza es demasiado obsesivo buscando la perfección en su trabajo, llegando a límites tan insospechados como ir re-educando a todos aquellos que no siguen su criterio. Así pues, cuando el padre de nuestra familia protagonista se encara con él, lo único que provocará es un tremendo y simpático survival que les hará volverse locos por salvar sus vidas.

Esta es una de aquellas películas que parecen ser predestinadas a pasar desapercibidas por el circuito festivalero, la cual entras a ver por casulidad y te llevas una muy grata sorpresa. Y es que desde su comenzamiento ya se nos presenta como algo prometedor, pero es a lo largo de todo su desarrollo cuando saca su esencia. Cargada de un humor ácido con el que nos veremos identificados en muchas de las situaciones en las que se ve envuelta nuestra familia protagonista, la película va aumentando su ritmo hasta llegar a su recta final, donde no se andará con tapujos a la hora de ser explícito con las escenas más radicales. Una pequeña joya muy divertida con todo el adn de este Festival.

Y para cerrar la jornada otra comedia de toque fantástico, Save yourselves, escrita y dirigida por Alex Fischer y Eleanor Wilson.
La película se centra en una joven pareja, la cual llegar al punto límite en el que su relación corre peligro, deciden desconectar durante unos días de la ciudad, los amigos y todo aquello que les distraiga para poder reencotrarse ellos mismos. El problema es que con tanta desconexión de la realidad, no llegan a enterarse de que el planeta está sufriendo una invasión extraterrestre hasta que los alienígenas llegan hasta ellos. A partir de aquí, vivirán un sinfín de aventuras y desventuras para poder salir vivos de la situación.

El caso es que ya sea porque somos de una generación posterior, o porque no estamos en sintonía con las nuevas tendencias, la verdad es que lo que parece intencionadamente realizado para hacer reír, no hace ni puñetera gracia. Se puede ser irónico con las situaciones e incluso utilizar el absurdo como vehículo para llegar a ese tono de comedia que, sin ser demasiado complejo, está bien trabajado para llegar al espectador, pero en esta película lo que provoca es un rechazo continuo a entrar en ella, ni tampoco a simpatizar con los protagonistas. Quizá sea porque es la que cierra la joranada, pero no le damos el visto bueno. Fail.

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