Festival Nits 2018 ~ Día 1

Se ha dado comienzo a la 15ª edición del Festival Nits de Cinema Oriental de Vic, el cual para nosotros ya se ha convertido en el festival del verano por excelencia, siendo una cita ineludible desde que lo conocimos hace tres años y al que no hemos faltado desde entonces. Quizá sean pocas las ediciones que hemos vivido, pero en cada una de ellas hemos notado una evolución considerable respecto a la anterior, siempre encontrando novedades que han ido mejorando el festival tanto en organización como cara al espectador.

Este año, sin duda alguna, el cambio más significativo es el de dedicar el festival a una temática concreta en lugar de a un único país, habiéndose escogido para esta ocasión el deporte en el cine comercial asiático. Una decisión que seguramente dará mucho más margen a los programadores ya que abrirá el abanico de posibilidades a la hora de escoger las producciones que se proyectarán. Eso sí, las clásicas cenas temáticas con espectáculo en vivo se mantendrán tal y como estaban, siendo ya un clásico previo a la proyección al aire libre que gratuitamente y a diario el Festival ofrece en la Bassa dels Hermanos.

Pero ya iremos viendo como va rodando la cosa a lo largo de esta semana y vayamos al grano con lo que se nos ofreció en el arranque de esta edición, que para dar el pistoletazo de salida, comenzaba con la proyección matinal infantil Meow (2018), de Benny Chan.

Coproducción entre China y Hong Kong que llama la atención por el paso que su director, dedicado mayormente al cine acción, ha dado para llevar la batuta en esta comedia familiar de carácter fantástico, donde un gato enviado desde el planeta Meow tendrá la misión de arrebatarnos los recursos que disponemos en la Tierra.

Cargada de ese humor tan inocente y sano que este tipo de películas suele tener, la verdad es que se ha hecho más entretenida de lo que teníamos previsto. Quizá algún acto del tramo intermedio donde acentúa la parte más dramática se ralentiza algo más, pero en general tiene buen ritmo. Además, la mezcla de imagen real con la animación por ordenador está muy bien conjugada, notándose un especial cuidado en todo el diseño de producción, cosa de agradecer cuando se trata de introducir este tipo de elementos fantásticos. Humor, drama y espíritu de superación, en un bonito relato sobre los valores de la familia.

Otro de los aspectos que más nos agrada del festival y que no ha sufrido ningún cambio es el de la distribución de las secciones a lo largo de la jornada: sesión infantil, retrospectiva, tiempo para comer, vuelta para ver un par de películas más (mayoritariamente de la Sección Oficial a concurso) y salida a la Bassa dels Hermanos a cenar y rematar la jornada. Da tiempo para todo, fantástico.

Y como ya se había comentado en noticias anteriores, la estrella de esta edición es el rey de la comedia Stephen Chow, sobre el cual se han seleccionado algunos de sus mejores trabajos para poder ser vistos en pantalla grande. Ayer se daba comienzo a la sección retrospectiva con la proyección de Legend of the Dragon (1991) de Danny Lee y Corey Yuen.

No tenía vista esta película y la verdad es que tiene el mismo esquema que la archimundialmente conocida Shaolin Soccer (Stephen Chow, 2001) pero cambiando de deporte, en esta ocasión por el billar. No es tan sensacional como aquella, pero sigue ofreciendo el mensaje de que el kung-fu es aplicable a cualquier disciplina. Nuestro pueblerino protagonista visitará la gran ciudad en manos de su tío, involucrándole en tramas de apuestas gracias a sus extraordinarias habilidades con dicho juego, lo que le llevarán a arruinar a toda la familia. Otra mezcla de humor y bofetadas muy recomendable para todo tipo de público. 

Y tras la presentación del libro del festival Stephen Show!! escrito por Domingo López, asistimos a la proyección de la primera película que entraba dentro de la Sección Oficial a competición y que a su vez era prèmière estatal, la co-producción entre Alemania y China Ironhead (2018), de Tian Dong.

Formato documental para una producción en que el equipo de rodaje se introduce en una escuela Shaolin de kung-fu en la que tienen una alternativa única dentro de ese universo tan particular: el uso del arte marcial dentro del fútbol. La película hace un recorrido en la vida tan disciplinada que tienen que sufrir, y lo hace a través de la opinión de tres de sus alumnos con una visión muy diferente de las sensaciones que tienen después de varios años siguiendo su rutina. Aborda el tema de tal forma que deja bajo criterio del espectador si este estilo de vida es realmente lo más conveniente para un niño, más allá de la cultura propia del país.

Más Sección Oficial, pero esta vez saltamos a la acción proveniente de, como no, Hong Kong, el país por excelencia de este género. Otra premiere más, pero esta vez en su estreno mundial, de la película Colour of the Game (2018) dirigida por Kam Ka Wai.

Un grupo de mafiosos se verá involucrado en una trama a causa de un inusual trabajo, lo que les llevará a enfrentarse tanto a la policía como a la misma familia. Una trama sencilla que se complementa con escenas de acción algo menos espectaculares de lo habitual en este género. Aún así, la película se hace entretenida, sobretodo por el siempre genial Simon Yam al que hay que agradecer su buen hacer al que nos tiene acostumbrados. 

Tras la misma tocaba salir de los cines Vigatà para dirigirnos a la Bassa dels Hermanos y terminar la jornada con las actividades abiertas para todos los públicos. Ayer tocaba cena cantonesa, amenizada con un espectáculo de música y danza. Tras la misma se hizo la inauguración oficial de esta edición y se dio paso a las proyecciones.

Primero el cortometraje Meiying MG-01 (2018) del director catalán Adrià Guixens, el cual aborda un futuro (no muy lejano) donde la humanidad ha perdido prácticamente todo lo que la define y las inteligencias artificiales son cada vez más personas. Dice mucho para lo poco que dura.

Después un clásico de la comedia (a nivel general), el cual inauguró en el año 2004 la primera edición de este festival y que ahora vuelve para deleitarnos una vez más con su loca fusión, viniendo como anillo al dedo tras la celebración del campeonato mundial de fútbol. Se trata de Shaolin Soccer (2001), dirigida y protagonizada como no por Stephen Chow, además en una nueva copia con algunas escenas más que en la versión cinematográfica del 2001.

Poco o nada hay que decir de esta película, la cual hizo dar el salto definitivo a occidente de este fantástico artista. Una magnífica conjunción tanto del cómico y surrealista guión, como de los efectos especiales que para ser de la época aún se mantienen decentemente. Imposible cansarse de la misma aún habiéndola repetido varias veces. Mítica forever.

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